En busca de la dama del lago

– No hace mucho mi señora me pidió un pequeño deseo. ¿Quién fue realmente la Dama del Lago?. Era una pregunta arriesgada. Hace algún tiempo un manchego perdió la cabeza al intentar acercar aquellos cuentos mágicos a la áspera realidad. Pero yo no soy hidalgo y procedo de un lugar de Teruel. Podría ser que saliese algo.

Así fue como comencé una aventura en búsqueda de aquella hada fabulosa.
Mi intuición me decía que, enterrada bajo aquel montón de relatos, se escondía una persona real. Esta señora debió ser, lo suficientemente importante para que, el eco de su vida, resonase en aquellas fábulas.

Una vez más fue, “el Cuento del Grial”, creado por aquel trovador, nacido en la villa de Troyes, podía arrojar algo de luz a este enigma. En este cantar, compuesto hacia 1180, podemos encontrar una pequeña referencia.

Sabemos, por numerosos autores como Adré de Mandach y otros, que el castillo del Grial, lo podemos identificar como el monasterio viejo de San Juan de la Peña. Este mismo historiador ha conseguido identificar a Perceval con Rotrau III de Perche. A esta rueda de identificación podemos sumar el Rey Arturo. Este personaje parece ser una visión idealizada de Alfonso I de Aragón.
Al poco de salir del castillo del Grial Perceval se encuentra con una dama que llora la muerte de su caballero.

“Se precipita en el bosque mientras le van durando aquellas huellas, hasta que inopinadamente ve a una doncella al pie de una encina que llora, grita y se desespera como infeliz desdichada”.

En este extraño encuentro la dama dice ser su prima.

“Yo te conozco mejor que tú a mí, pues tú no sabes quién soy; contigo me crié en casa de tu madre, durante mucho tiempo: soy tu prima hermana y tú eres mi primo hermano”.

Podemos intentar traducir este parentesco.
Rotreau III de Perche estaba emparentado con la casa Aragon por su tía, Felicia de Roucy. Felicia era hermana de su madre, Beatrix de Ramerupt.
Felicia se había casado con don Sancho Ramirez rey de Aragón. Es en este lío genealógico donde se puede encontrar a aquella “Dama del Lago”.
Entre las hermanas del Rey Sancho, existía una gran señora que, como la del cantar, había enviudado. Tras aquella muerte, fue nombrada Abadesa del convento Benedictino de Santa Cruz, al pie de San Juan de la Peña.

Se trataba de Doña Sancha de Aragón. El trovador había exagerado el parentesco. Sancha era tía política de Rotreau III. ¿Pudo durante su juventud este Conde francés llegar a conocer a su tía política?. Doña Sancha era la abadesa de aquel convento Benedictino.

Los documentos no nos lo pueden asegurar, pero parece que hubo más de un rey moribundo que viajó a este lugar sagrado, para dejar este mundo junto al Caliz Sagrado. En este caso en el reinado de Pedro I parece que se sitúa la acción real que los trovadores 80 años después mezclaron.

Sancha había enviudado, a los 20 años, del conde Ermengol III de Urgel. Tras este fallecimiento, Doña Sancha no renunció a los señoríos de su marido. Seguía siendo condesa de Urgell.
Simbólicamente, es por eso que esta dama, aparece llorando a su caballero muerto en combate. El parecido era, todavía, algo difuso. El convento a los pies de San Juan de la Peña de Santa Cruz de la Serós parece el lugar apropiado para situar la acción.

El encuentro de Perceval con esta prima continúa. Leí con atención este fragmento, pues en él parecía encontrarse el comienzo de todas las leyendas de la Dama del Lago.
“Mas, ¿de dónde ha salido esta espada que os cuelga del flanco izquierdo, que jamás derramó sangre de hombre ni fue desenvainada en ningún trance? Yo sé bien dónde fue hecha y sé bien quién la forjó. Procurad no fiaros de ella, que sin duda alguna os traicionará cuando estéis en gran batalla, pues os volará hecha pedazos.
—Hermosa prima, la envió ayer noche una de las sobrinas de mi buen huésped (el rey Arturo), y él me la dio y yo me tengo por muy satisfecho. Pero me inquieta mucho lo que me habéis dicho, si es cierto. Decidme ahora, si lo sabéis: en el caso de que se rompiera, ¿se podría reparar?
—Sí, pero sería muy trabajoso para el que supiera seguir el camino que lleva al lago que hay al pie de Cotoatre. Allí, si la ventura os llevara, la podríais rehacer, templar de nuevo y restablecer. Id exclusivamente a casa de Trebuchet, un herrero que así se llama, porque él la hizo y la rehará, lo que no logrará jamás ningún hombre que se empeñe en ello. Procurad que ningún otro ponga en ella sus manos, porque no sabría cómo conseguirlo”.

En el ciclo Artúrico, esta es la primera referencia donde aparece una espada rota, una dama y un lago. ¿Os suena esto de algo?.
En el condado de Urgel, este del que Sancha de Aragón fue señora, existe un lugar digno de semejantes fantasías, unas tierras llenas de lagos. Hoy lo conocemos como el Parque nacional de Aigües Tortas. En estas tierras Pirenaicas hay un monte llamado “Colomeras de aguas Tortes”. Parecía que este era el mítico “Coloa-Tre”. A los pies de este monte tenemos el Lago de San Maurici.

Las historias de espadas mágicas como la de Vilardell o incluso la Tizona, que fue cedida al Conde de Urgell, según un documento de la época, recorren esta tierra de lagos. Quizás la pureza del metal de hierro, junto a las bajas temperaturas de aquellas aguas, hiciera prosperar una floreciente industria metalúrgica en aquel condado. Cuando el metal está al rojo vivo, es conveniente sumergirlo en el agua más fría posible, para que se produzca el acero. Las gélidas aguas de los lagos pirenaicos, junto a la pericia de los artesanos, hizo que la fama de aquellos aceros, cruzase los pirineos y se fundiese con la leyenda.

Los canteros Lombardos, que durante el siglo XII trabajaron en estas tierras, pudieron unir aquella poderosa condesa de Urgell con el milagro de San Galgano. Este piadoso caballero, había clavado una espada en la roca para finalizar su vida como guerrero. La imaginación de los trovadores hizo el resto.

Curiosamente, junto a la Iglesia del Convento, en el pueblo oscense de Santa Cruz de la Serós, hay una iglesia de estilo Lombardo.

Quizás nunca podamos encontrar a la Dama del Lago, pero Doña Sancha de Aragón se le parece. En su sepulcro el recuerdo de aquellos caballeros permanece gravado. La que un día llegó a ser obispo de Pamplona, descansa en este sepulcro de piedra y su vida pudo originar la leyenda de Nimué.

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Foto y texto: Sergio Solsona Palma

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