Los orígenes del monasterio de San Juan de la Peña

– Una bella leyenda recuerda los orígenes del monasterio de San Juan de la Peña.

Juan de Atarés, un caballero cristiano de familia noble, decidió un día renunciar a sus cuantiosos bienes y abandonar su palacio por una cueva del Monte Pano, en la Sierra de San Juan, cerca de Jaca. Un día fue tentado por Lucifer, ofreciéndole un magnífico palacio. Atarés se puso a rezar y ahuyentó al diablo. Luego, un ángel se le apareció y le indicó que se trasladara a una gran cueva en el Monte Uruel, y que modelase una imagen de San Juan Bautista.

Cuando le llegó la hora de morir esculpió en una piedra la siguiente inscripción: “Yo, Juan, primer anacoreta de este lugar, habiendo despreciado el siglo por amor de Dios fabriqué, según alcanzaron mis fuerzas, esta iglesia en honor de San Juan, y aquí reposo”.

Pasado un tiempo, un noble y sus hijos, Félix y Voto, se asentaron en una fortaleza construida en un monte próximo. Una tarde, Voto perseguía a un ciervo y llegó a la cueva. Entró y con asombro encontró el cadáver de un ermitaño apoyado en la citada inscripción. Dio sepultura al cadáver y contó a su hermano Félix lo sucedido.

Ambos decidieron ceder a los pobres sus cuantiosos bienes y retirarse a la cueva de Atarés para consagrarse a la oración y a la penitencia. Pocos años después se les agregaron otros dos anacoretas de Zaragoza, llamados Benedicto o Benito y Marcelo.

Texto: José Antonio Adell y Celedonio García

Foto: romanicoaragones.com

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