La Piedra Milagrosa de Ordovés

– En varios pueblos del Serrablo he oído contar las virtudes de una piedra para curar animales a los que ha picado una víbora o un escorpión, o que han tomado algún veneno. Se trata de la piedra de Ordovés. Un día de invierno tomé la carretera que sigue el curso del río Guarga, luego me desvié por la pista que entre matorrales y pinos conduce a la aldea de Ordovés. Antes de llegar a la misma, en el tramo de camino que discurre bajo la pequeña iglesia románica, encontré un hombre viejo -vestido de negra pana- con el zurrón y la zamarra al hombro que guiaba un rebaño de ovejas y algunas cabras.

Le pregunté por “La Piedra de Ordovés” y me dijo que se guardaba en su casa. Pronto comenzó a hablar de los prodigios de la “Piedra”. Hace poco -decía- en Javierrelatre, ¿sabe donde está Javierrelatre?, Pues allí en una casa le dieron a las ovejas nitrato u otro abono, pensando que era sal.
En seguida las ovejas empezaron a caerse y su amo comprendió que las había envenenado. Pensaron en la “Piedra” y vinieron a buscar agua. Después, como pudieron, le fueron dando a cada oveja un poco de agua con una cuchara de tomar café. Algunas ya estaban como muertas, pero al beber se arreglaron.
Todas las que bebieron se curaron y las que no pudieron beber se perdieron. Cuarenta ovejas se les murieron y las otras se salvaron por el agua.

En este agua de la que habla, se había mojado la “Piedra”. Así de sencillo es su uso. Se coge la “Piedra” y se sumerge en cualquier recipiente que contenga agua. El agua -con esta sola inmersión- adquiere prodigiosas propiedades para sanar las “fizaduras” (picaduras) y los envenenamientos. El agua conserva su poder medicinal durante años y años (hasta veinte o treinta años me han asegurado) . En muchas casas de los pueblos del Serrablo, siempre tenían una botella llena de esta agua curativas, y la rellenaban antes de que se terminara.
Llegados a la aldea de Ordovés, resulta fácil hallar la casa de la “Piedra”. Es la única habitada. Es sin duda famosa la “Piedra”; nada más verme un niño de unos 5 años le pregunta a su padre: Papá ¿voy a buscar la piedra?. La extraen de una cajita, atada con alambres que la protegen. Mide unos 10 cm de longitud y tiene forma de pezuña de cabra partida longitudinalmente por la mitad. “Era como una pata de cabra, pero la partieron por la mitad. Esta piedra proviene de Avenilla (otra aldea cercana), y estaba en una casa donde había dos hermanas. Una de las hermanas se vino a casar a Ordovés y decidió partir la piedra para bajarse la mitad. La otra mitad la tienen ahora en Jaca.

La “Piedra” y el alambre de latón que la protege, presentan un aspecto brillante, pulidos por el uso. “Ya está desgastada de tanto emplearla. El alambre se lo pusieron para que no se partiera”. Cuentan también que antes la prestaban a quien se la pedía, pero una vez alguien intentó romper la piedra para quedarse con un pedacito de la misma. Desde entonces ya no dejan que nadie se la lleve. Un detalle se observa desde el primer momento: está formada por dos tipos distintos de roca, aunque resulta difícil reconocer, a primera vista, de qué tipos de roca se trata. Recordando su forma de pata de cabra, diremos que la pezuña es de un tipo de roca distinto del que sobre ella forma una arista muy aguda. Esta arista parece de material mucho más duro.

Sobre el origen me han contado: “dicen que salió de una serpiente, pero no sabemos si es verdad”. En la comarca he oído hablar de ella llamándola -en algunos casos- “la piedra de la serpiente de Ordovés”. No sé de qué asombrarme más: si de la permanencia del remedio para curar los animales o de que aún se conserve en el recuerdo la explicación de su origen ofídico.

Desde China hasta Europa se usaron en la antigüedad estas “piedras de serpiente” -a las que se consideraba provenientes de la cabeza de una serpiente o un dragón- como antídoto frente a picaduras o envenenamientos. Las “piedras de serpiente” solían ser diamantes u otras piedras raras.
El origen del prodigioso poder de estas piedras se buscaba en su procedencia: venían de los monstruos que guardaban “el árbol de la vida”, que representaba lo sagrado, la inmortalidad, la eterna juventud. Ciertamente de las cabezas de las serpientes se han extraído -en casos raros- concreciones pétreas, pero no parece que sea ese el verdadero origen de las “piedras de serpiente” que desde la antigüedad se han empleado, ni tampoco de esta “Piedra de Ordovés”.
Se podrá dudar de los efectos prodigiosos de la “Piedra”, pero en torno a ella hay un prodigio cierto: es el de su conservación, su uso y -sobre todo- la explicación de su origen, que aún se recuerda”.

Severino Pallaruelo Campo.

Serrablo Año III Nº 50. Dic. 1983

(Revista de la Asociación de Amigos del Serrablo)

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