El abeto del pirineo . Leyenda navideña del valle de Pineta .

– Se cuenta que al principio de los tiempos, en el majestuoso valle de Pineta, en el Pirineo aragonés y al pie del Monte Perdido, cuando acechaba el invierno las aves emigraban al sur en busca de tierras más cálidas. Pero hubo un pajarillo que no pudo volar con los demás porque tenía un ala herida. Apenas podía brincar de piedra en piedra y de árbol en árbol. Estaba solo. Corría serio peligro de morir de frío.

El pobre pajarillo buscó refugio en los enormes árboles del valle. -¿Puedo quedarme a vivir en tus ramas hasta que llegue la primavera?- preguntó al álamo blanco. -No. Bastante tengo con sostener mi propio peso. Vete. El pájaro se puso muy triste y siguió su camino. -¿Puedo quedarme a vivir en tus ramas hasta que llegue la primavera?- preguntó al roble. – No. que de seguro comes mis hojas. Vete.

El pájaro se puso muy triste y siguió su camino. -¿Puedo quedarme a vivir en tus ramas hasta que llegue la primavera?- preguntó al sauce. – No. No me fío de los extraños. Vete. El pájaro se puso muy triste y siguió su camino. Preguntó y preguntó, pero siempre le respondían lo mismo: -No. Vete. Ya casi no podía dar un paso. Estaba muy débil. Tenía hambre y frío. Pero sobre todo sentía una gran pena.

Ya pensaba dejarse morir cuando se topó con otro árbol. Era su última oportunidad. -¿Puedo quedarme a vivir en tus ramas hasta que llegue la primavera?- preguntó al abeto. – Claro que sí, pajarillo. Elige la rama que más te guste. Yo te daré calor. – ¡Oh, muchas gracias! ¡Me has salvado la vida!- dijo el pájaro subiendo al árbol. Se acurrucó en la oquedad más cálida del árbol y se quedó dormido.

El terrible Viento del Norte parecía enfadado. Soplaba con furia por todo el valle. Y su madre Escarcha iba con él. Cayeron todas las hojas del álamo, del roble, del sauce y de todos los árboles, excepto del abeto. -Abeto, como eres generoso, nunca desnudaremos tus ramas y así estarás abrigado en invierno- le dijeron el Viento del Norte y la Escarcha. Los demás árboles, ateridos, le miraron con envidia. Y por eso el abeto siempre está verde y protegido incluso en los días más gélidos del invierno, y adorna en Navidad los belenes de todo el mundo.

Texto: es.slideshare.net/silviargu
Foto: Kom bo flickr.com/photos/kom_bo/3206820102/

Aplicación móvil: http://flip.it/d9Tlh

– Leyenda patrocinada por Cuéntamelo España y Radio Somontano

Con la participación de : https://www.facebook.com/groups/yoquese2015/

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s